UTMB ( ULTRA TRAIL DEL MONT BLANC)



" La fuerza no se mide con músculos sino con la voluntad" (Karl Egloff)


El UTMB (Ultra Trail del Mont Blanc) es una carrera que se celebra en los Alpes y atraviesa Francia, Italia y suiza. Este año fue toda una odisea ya que nos tocó luchar contra la lluvia, nieve y, sobre todo muchísimo frío ( - 9 grados) durante los casi 170 km de cuestas (10.000 desnivel positivo) que tiene la carrera. Estas duras condiciones hicieron que de los más de 2500 participantes, más de 850 abandonaran, y es que en esta carrera llegar al final es una victoria. 



Mi relación con el Mont Blanc empezó hace 3 años cuando oí hablar por primera vez de esta prueba. Para poder participar hay que conseguir una serie de puntos que se logran  haciendo otros Ultras ( básicamente carreras de más de 100 km.) y luego tener suerte en el sorteo. El primer año conseguí los puntos, pero no tuve suerte en el sorteo. El segundo año volví a conseguir los puntos pero tampoco tuve suerte en el sorteo. El tercer año, si consigues los puntos de nuevo, puedes participar directamente sin sorteo. Por tanto, he tenido que finalizar 6 carreras por montaña de más de 100 km. para poder estar allí. 
Llegamos a Chamonix (La cuna del montañismo y alpinismo)  el domingo anterior a la prueba ya que serían nuestras vacaciones. Mi cuñado Alberto es una apasionado de las montañas y durante la semana nos dedicamos a recorrer la zona, visitando entre otros L ´Aiguille du Midi ( 3.842 m.) la más alta de las Agujas de Chamonix. La Mer de Glace que es un glaciar que se encuentra en la ladera norte del macizo del Mont Blanc. El glaciar de Argentiere. Punta Helbronner (3.466 m.) a la que se accede en teleférico desde L´Aiguille du Midi. La Flégere (1.877 m.) que es parte del recorrido del UTMB. Mi idea era aprovechar estas excursiones para aclimatarme a la altura. El entreno ya lo llevaba hecho, ya que hacía 15 dias había finalizado el Ironman de Hamburgo y confiaba en el  entrenamiento "cruzado" que había llevado a cabo. Como entrenador conozco los principios fundamentales del entrenamiento y me gusta predicar con el ejemplo a mis deportistas. Con lo que no había contado es que las excursiones las haría llevando a hombros a mi hijo Marcos (4 años) durante la mayoría del tiempo je,je. Bueno, al fin y al cabo estábamos de vacaciones y durante la carrera tendría que llevar una mochila con unos 6 kg. 


El jueves fue la recogida de dorsal y el control de material. Son muy estrictos con el material obligatorio (chaqueta impermeable, pantalón largo de lluvia, manta térmica, móvil con batería, etc) que hay que llevar durante toda la prueba y en cualquier momento te lo podían pedir en un control sorpresa. El no llevarlo supone la descalificación inmediata. 


Por fin llegó el viernes y para no salir de los últimos llegué a la salida una hora y media antes (la salida se retrasó a las 18:30 h. por las condiciones atmosféricas, ya que había tormentas en numerosas partes del recorrido). 
La salida es espectacular. Suena la música de Conquest of Paradise´de Vangelis y se te pone la piel de gallina. Los primeros 8 km´s son rapidísimos. Los primeros salen por debajo de 4 min/km. Hay que contenerse para no embalarse. 


No obstante, la primera subida a Le Délevret, en la que se ascienden casi 1.000 m. en 5 km. nos recuerda donde estamos. En el mundo vertical. Está lloviendo y empieza a hacer cada vez más frío. 
En Les Contamines (Km.31) decido ponerme la camiseta térmica de manga larga debajo, que ya no me quitaría en todo el recorrido. Llegamos a tener temperaturas de menos 9 grados y vientos de 40 km/h. 
Sobre el km.45 ascenderíamos el Col du Bonhomme situado a 2.443 m. Una de las 5 cumbres de más de 2.400 m. con las que cuenta el recorrido. 


Sobre las 2 a.m llegaba a Les Chapieux (Km. 50). Las piernas me respondían bien. Estaba tolerando bien la comida y la bebida ( Llevaba una alarma en el reloj que me avisaba cada 30 min. para beber y comer) y tenía controlado el frío. Todo iba según lo previsto. 
El amanecer me sorprendió en el Lac Combal (Km. 65) y una vez superado el Aréte du Mont Favre ( 2.435 m.) nos quedaría un difícil descenso (por el barro, raíces y piedras mojadas) hasta Courmayeur (km. 76)  donde para sorpresa mía,  me esperaban mi mujer y mi cuñado Alberto. Me dieron un subidón de motivación!. Allí me cambié de calcetines y zapatillas y aproveché para descansar unos minutos. Me seguía encontrando bien, aunque el cansancio  y los kilómetros se empezaban a notar en las piernas. 


Después de Courmayeur (Italia), nos dirigiríamos hacia Suiza para lo que teníamos que superar las subidas a dos de los Refugios mas míticos del recorrido. El refugee Bertone y el refugee Bonatti, que coge su nombre de Walter Bonatti, uno de los mejores alpinistas de la historia. 
El tiempo se estaba complicando por momentos y el peor momento de la carrera lo sufríamos en la subida al Grand Col Ferret ( 2.490 m.). Fue una subida dantesca, con nieve, tormenta y vientos de más de 40 km/h. Yo iba acojonado cuándo el camino pasaba cerca de algún desfiladero, ya que pensaba que una racha de viento podría hacerme salir volando. 



En La Fouly (km. 109), me esperaba de nuevo mi cuñado. Me pregunta que qué tal voy y le digo que estoy cansado de piernas pero confiado en que si no surgían problemas graves llegaría a la meta. Seguía lloviendo y eso hacia que el terreno se encontrara embarrado y muy resbaladizo, lo que dificultaba la marcha. 


El siguiente punto de control, Champex-Lac ( Km. 123), era un hito importante en mi estrategia, ya que había calculado que si llegaba "entero" y sin problemas a este punto, tendría bastantes posibilidades de acabar siendo finisher. Además supondría mi record de distancia en Ultras, ya que mi récord eran los 115 km. del GTP (Gran Trail Peñalara). Llegué bien, lo que me dio otro plus de motivación. No obstante, allí decidí cenar y me tomé 2 platos de sopa, un plátano, dos barritas energéticas y unas onzas de chocolate negro. También aproveche para ponerme un compeed en el talón ya que notaba que se me estaba formando una ampolla. Al final estuve una hora allí!. La carrera se me estaba haciendo larga, pero todo parecía indicar que me haría con ella. 
Después de ascender La Giéte (2.259 m.) nos quedaba por delante lo que sería la parte más dura de toda la carrera. La segunda noche sin dormir y el ascenso a otras dos cumbres antes de llegar a Chamonix. En este momento es cuándo nuestra cabeza nos pide abandonar y debemos negociar con ella y pensar que si no tenemos una lesión o una situación extrema, debe ganar la opción de "seguir adelante". Es una negociación constante, un juego maquiavélico con nuestra mente. Yo, personalmente, utilizo la estrategia de plantearme objetivos pequeños como el de simplemente llegar al siguiente control y allí darme algún pequeño "capricho" como tomarme una sopa caliente y un poco de chocolate negro. Esta forma de pensar nos ayudará a hacer mas llevaderos los momentos bajos de una competición tan dura como esta. 
Llegué a Trient (Km. 140) entrada la noche y después de llevar 30 horas en las piernas. Alberto me preguntó que si tenía sueño y le dije que no y que prefería no echarme, ya que no sabía si iba a quedarme frío y no poder continuar luego. Así que opté por tomarme un gel de cafeína y seguir avanzando. 


La siguiente cumbre que teníamos que superar era Catonge que separa Suiza de Francia. Es una subida larga que hago con dos franceses a buen ritmo. Luego en la bajada a Vallorcine les pierdo. Tengo claro que subo mejor que bajo y es el "precio" que tengo que pagar por no dedicarme exclusivamente al Ultra Trail. 
Llego a Vallorcine ( Km. 150) sobre las 4 de la mañana. Me tomo otro plato de sopa con fideos, un plátano, una barrita energética y otro gel con cafeína. Justo cuando voy a salir del control empieza a llover torrencialmente, pero me da igual, tengo ganas de llegar y me quedan todavía 20 km. Me ajusto la capucha de la chaqueta y me pongo en marcha de nuevo. Esta segunda noche es la parte mas dura del UTMB. Hay gente que se para y se echa a dormir en medio del camino. Me parece arriesgado ya que te puedes quedar frío en muy poco tiempo, pero me imagino que si lo hacen es por que no pueden más. Yo, por mi parte, empiezo a ver personas sentadas detrás de los árboles, coches abandonados en medio del campo, animales como perros y pájaros por todos lados. Esta claro que son alucinaciones, ya me habían prevenido sobre ello. El cerebro en estados de extremo cansancio, necesita procesar las  imagenes que vemos como algo que resulte conocido para él. Por tanto una piedra con forma de persona sentada la "interpreta" como una persona sentada. Hubo un momento incluso que "sentía" que mi hijo Daniel estaba corriendo a mi lado. Menos mal que estaba empezando a amanecer de nuevo. 
La subida a La Flégere (1.900 m.) se me hace interminable. La organización había cambiado el recorrido y nos hace ir por el curso de un río y luego subir hasta un teleférico. De repente, siento como pinchazos en los riñones. Me asusto un poco. No quiero que me dé un espasmo o algo parecido. No quiero arriesgar y decido pararme unos minutos. Esta subida se me está haciendo interminable. 
Sobre las 8:30 a.m llego al punto de control de La Flégere. Me siento y me tomo una Coca Cola y otra barrita energética de Cross Nutrition (regalo de mi amigo Niklas y que me han ido fenomenal. Gracias Niklas!). Sólo me quedan 8 kms para llegar a Chamonix. En ningún momento de la prueba dudé en que acabaría, pero en ese momento tuve la certeza de que lo conseguiría. Mi estrategia había consistido en evitar tener fallos como no hidratarme o alimentarme regularmente o tener mucho cuidado con los pies (ampollas o torceduras de tobillo) y para ello había ido concentrado toda la carrera. 
La bajada era por un sendero bastante empinado y la rodilla derecha me dolía a morir cada vez que la apoyaba para bajar. No podía correr. Cada vez que lo intentaba se me saltaban las lágrimas de dolor. Me adelantaban muchísimos corredores ( luego he visto que exactamente me adelantaron 41).  

Me daba igual. Mi objetivo era acabar el UTMB y si era posible por debajo de 40 horas y lo iba a conseguir. 
Al llegar a Chamonix, intento trotar un poco. Imposible. La rodilla me duele a rabiar. Al girar una calle veo a mi hijo Dani. No me digáis cómo pero echo a correr hacia él. Estoy emocionado. Me dice que está Marcos un poco más adelante con mi mujer. Le doy los bastones y cojo a Marcos con la otra mano. Voy emocionado y no lloro por que creo que no tengo fuerzas para ello. Enfilamos juntos los tres la recta de meta, veo el arco al fondo. Aprieto con fuerza la mano a mis hijos y siento como que floto. Lo que tantas veces había visualizado se hace realidad. Me siento el hombre mas feliz del mundo. Si la felicidad tiene un sentimiento concreto, estoy seguro que tiene que ser muy parecido a este momento. 







Con Alberto

Vídeo resumen de este año: 



No quiero terminar sin dar las gracias a todos lo que me han apoyado en este nuevo reto del UTMB. En especial a mi mujer y a mis hijos sin los cuales nada de esto tendría sentido. A mi cuñadísimo Alberto, que me ha prestado asistencia, a su mujer y a sus hijos con los que hemos compartido unas maravillosas vacaciones en Chamonix y a todos los que habéis creído en mi y me animáis a superarme día a día. Gracias de corazón!. 

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